29/06/2026 MUNDO MARÍTIMO

Un análisis de Sea-Intelligence indica que la relación entre los ajustes estructurales de los itinerarios y los arribos anticipados de buques está influyendo en la forma en que se interpreta el nivel real de congestión y disrupción de las redes marítimas.

De acuerdo con el análisis, las líneas navieras han incrementado progresivamente el uso de buffers de itinerario, estrategia que consiste en ampliar los tiempos de tránsito programados con el objetivo de gestionar interrupciones persistentes en las redes globales.

Como consecuencia directa de esta práctica, se ha registrado un aumento en la cantidad de buques que arriban antes de lo previsto. Estos arribos anticipados generan un efecto de “retraso negativo” dentro del indicador promedio global de demora de buques, lo que contribuye a suavizar las cifras reportadas y puede ocultar la verdadera magnitud de las fricciones operacionales existentes.

“Estos arribos anticipados introducen ‘retraso negativo’ en la métrica global promedio de retrasos de buques, reduciendo la gravedad reportada de las demoras y ocultando la magnitud real de las fricciones en la red”, señaló Sea-Intelligence en su análisis.

Para medir este impacto, la consultora evaluó el Índice de Amortiguación de Itinerario (Schedule Padding Index, SPI) junto con el número total de arribos anticipados. Un valor negativo del SPI indica la incorporación artificial de tiempos adicionales en los itinerarios, lo que se relaciona directamente con un mayor volumen de arribos antes de la fecha programada.

Durante el período previo a la pandemia, entre 2012 y 2019, el SPI global promedió +0,06 días. En ese período, los anticipados representaban solo el 1,9% del tránsito marítimo de larga distancia global, con un promedio de 219 buques mensuales.

Esta dinámica cambió significativamente durante la recuperación posterior a la pandemia en 2022. Ese año, el promedio anual del SPI cayó a -0,20 días, mientras que los arribos anticipados aumentaron hasta un promedio de 716 buques al mes, equivalente al 6,9% de todos los arribos globales.

Según Sea-Intelligence, esta dependencia de los ajustes estructurales de itinerario se ha mantenido durante 2026, debido a los esfuerzos de las líneas navieras por absorber la presión operacional provocada por las prolongadas desviaciones en el Mar Rojo y el Estrecho de Ormuz.

Durante los primeros meses de 2026, el SPI registró un promedio de -0,14 días, manteniendo los arribos anticipados en niveles elevados, con un promedio de 486 buques mensuales.

La consultora concluye que el uso sostenido de buffers de itinerario continúa siendo una herramienta operacional clave para las líneas navieras, aunque al mismo tiempo modifica la lectura de los indicadores tradicionales de “puntualidad” al incorporar un volumen significativo de arribos anticipados dentro de las métricas globales.