09/06/2026 EL MERCANTIL

Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) han dejado de ser un proyecto de futuro para convertirse en una realidad cada vez más presente en las ciudades españolas. Impulsadas por la Ley de Cambio Climático y por los objetivos europeos de descarbonización, estas áreas restringen progresivamente el acceso de los vehículos más contaminantes a los entornos urbanos con el objetivo de mejorar la calidad del aire y reducir las emisiones. Sin embargo, mientras la regulación avanza, el negocio logístico alerta de que la implantación se está produciendo de forma desigual, con importantes diferencias entre municipios, y genera presión sobre el reparto de mercancías, además de que implica un encarecimiento de la distribución.

“La situación es de caos. Cada ayuntamiento va por su lado, no hay una armonización”
Francisco Aranda Presidente de UNO

Para una actividad que depende de la previsibilidad y de la planificación operativa, la proliferación de normas distintas supone uno de los principales desafíos de los últimos años. “La implantación de las Zonas de Bajas Emisiones en España está en una fase intermedia y claramente desigual”, explica el director general del Centro Español de Logística (CEL), Ramón García. “Hoy convivimos, en la práctica, con tres velocidades: ciudades plenamente operativas, municipios en fase transitoria y otros con un desarrollo todavía incipiente”. La situación es descrita con mucha más contundencia por el presidente de UNO, Francisco Aranda. “¿En qué situación está? En situación de caos. Cada ayuntamiento va por su lado, no se está produciendo una armonización en la normativa y eso está generando muchos problemas a la logística urbana”.

Las organizaciones sectoriales coinciden en que la sostenibilidad y la reducción de emisiones son objetivos compartidos por las empresas. El problema surge cuando cada ayuntamiento desarrolla criterios diferentes. Horarios distintos. Sistemas de autorización distintos. Restricciones distintas. Calendarios distintos. La adaptación a las ZBE está suponiendo uno de los mayores procesos de transformación de la distribución urbana de mercancías en décadas. Las empresas no sólo están renovando vehículos. También están reorganizando rutas, adaptando horarios, implantando nuevas tecnologías, formando a sus conductores y rediseñando procesos operativos para seguir prestando servicio dentro de los nuevos marcos regulatorios.

Desde Aecoc advierten de que esta transformación está incrementando la presión sobre los costes logísticos. “La adaptación a los nuevos requisitos implica inversiones en flotas, cambios organizativos y ajustes en los modelos de distribución”. La organización recuerda además que, cuando las restricciones obligan a realizar más operaciones, recorrer mayores distancias o acelerar inversiones, los costes de distribución aumentan y pueden terminar trasladándose a toda la cadena de suministro.

¿Qué puede limitar una ZBE a una empresa de reparto?

Las restricciones no afectan únicamente al acceso de vehículos contaminantes. Dependiendo de la ciudad pueden implicar: