La obligatoriedad del documento electrónico de control a partir del 5 de octubre enfrenta al sector a una transformación que va mucho más allá de abandonar el papel: autónomos y pymes, interoperabilidad entre plataformas, actualización de los datos, subcontratación y respuesta ante las inspecciones aparecen como los principales retos de una transición que anticipa el futuro ecosistema digital europeo.
El próximo 5 de octubre marcará un antes y un después en la gestión documental del transporte de mercancías por carretera en España. A partir de esa fecha, el documento de control administrativo exigible para la realización de transporte público de mercancías por carretera deberá ser necesariamente digital. El cambio puede parecer, a primera vista, relativamente sencillo: sustituir un documento en papel por otro electrónico. Sin embargo, detrás del denominado DeCA se esconde una transformación mucho más profunda, que obligará a cargadores, transportistas, operadores y conductores a modificar procedimientos, coordinar sistemas y, sobre todo, aprender a gestionar la información de una operación de transporte de manera digital durante todo su ciclo de vida.
La fecha deriva de la disposición transitoria octava de la Ley 9/2025, de Movilidad Sostenible, que establece que el documento de control deberá ser necesariamente digital a los diez meses de la entrada en vigor de la ley. La norma entró en vigor el 5 de diciembre de 2025, por lo que el plazo se cumple el próximo 5 de octubre.
Conviene, sin embargo, aclarar una cuestión de partida: el documento de control administrativo no nace ahora y que lo que cambia es su soporte obligatorio porque la documentación ya era exigible en el transporte público de mercancías por carretera y ahora da el salto definitivo al entorno digital.
La Resolución de 5 de junio de 2026 de la Dirección General de Transporte por Carretera y Ferrocarril, publicada en el BOE el 12 de junio, concreta cómo deberá funcionar el nuevo sistema. El DeCA tendrá que generarse antes del inicio efectivo del servicio a partir de datos estructurados contenidos en una aplicación informática; deberá materializarse en un PDF de un máximo de 5 MB y ser nativo digital, por lo que no será válido escanear un documento en papel.
Además, deberá incorporar un código QR vinculado a una URL única y específica desde la que los agentes puedan descargar directamente el fichero durante una inspección.
El marco afecta a los transportes interiores, incluidos los servicios de cabotaje realizados en territorio español, mientras que los transportes internacionales siguen utilizando los documentos previstos en los convenios correspondientes. Sobre el papel, el procedimiento está definido. La incógnita es cómo responderá un sector caracterizado por una elevada atomización y por niveles muy diferentes de digitalización cuando el nuevo sistema tenga que funcionar simultáneamente en miles de operaciones reales.
Distintas velocidades
En este punto existe prácticamente unanimidad entre las organizaciones consultadas por Diario del Puerto: el transporte no llega al 5 de octubre en una situación homogénea.
Las grandes compañías y los operadores que llevan años utilizando TMS, ERP y sistemas de gestión documental afrontan el salto desde una posición relativamente cómoda. El escenario es distinto entre pequeñas empresas, microempresas y autónomos.
“La preparación del sector es muy desigual”, considera Nuria Lacaci, secretaria general de la Asociación de Cargadores de España (ACE). Según explica, las empresas con más recursos “llevan tiempo adaptando sus sistemas y procedimientos”, mientras que una parte importante de pymes y autónomos todavía arrastra un menor nivel de digitalización, desconocimiento de la normativa y dudas sobre las actuaciones necesarias para cumplirla.
La misma fotografía dibuja Javier Jaso, responsable de Transporte de AECOC, que habla de un “nivel de preparación asimétrico”. Las grandes empresas han podido integrar plataformas avanzadas, mientras que “un volumen significativo del tejido empresarial (especialmente PyMEs y profesionales autónomos) se encuentra aún en fase de ajuste”. La organización identifica precisamente dos cuellos de botella: la brecha de adopción entre autónomos y pequeñas empresas y las dudas prácticas sobre la generación y modificación del documento. El interés que está despertando la transición ofrece otra medida de la dimensión del cambio. Según Jaso, más de 3.000 profesionales habían participado ya en septiembre en los webinars organizados por AECOC alrededor de la nueva obligación. La asociación ha desarrollado además su propia herramienta para facilitar el cumplimiento normativo a las empresas.
Desde ASTIC, su vicepresidente ejecutivo, Ramón Valdivia, coincide en que sería “excesivo decir que estamos todos preparados al mismo nivel”. Frente a una minoría de grandes operadores con sistemas tecnológicos desarrollados se encuentra el grueso de un sector integrado por autónomos y pequeñas empresas, para las que cualquier nueva obligación digital implica un esfuerzo adicional. ASTIC cita además datos atribuidos a AECOC según los cuales existe todavía un elevado grado de desconocimiento y falta de herramientas entre las pymes.
José María Quijano, secretario general de CETM, sitúa también el problema menos en la existencia de tecnología que en su accesibilidad. “La principal carencia no está tanto en la existencia de tecnología como en que las soluciones sean sencillas, asequibles e interoperables. El objetivo debe ser facilitar el cumplimiento, no generar nuevas cargas administrativas”, sostiene.
Fenadismer lleva esta preocupación un paso más allá y advierte de las dificultades específicas del pequeño transportista. Su secretario general, Juan José Gil, habla de una “dualidad evidente” entre las compañías que ya han realizado esfuerzos importantes de digitalización y un tejido mayoritario compuesto por pequeñas empresas y autónomos que afronta el cambio con menos recursos financieros, tecnológicos y temporales. Para estos últimos, señala, “no se trata únicamente de adquirir un software, sino de cambiar la sistemática de trabajo diaria.
Fenadismer extiende esta preocupación un paso más y advierte de las dificultades específicas del pequeño transportista. Su secretario general, Juan José Gil, habla de una “dualidad evidente” entre las compañías que ya han realizado esfuerzos importantes de digitalización y un tejido mayoritario compuesto por pequeñas empresas y autónomos que afronta el cambio con menos recursos financieros, tecnológicos y temporales. Para estos últimos, señala, “no se trata únicamente de adquirir un software, sino de cambiar la sistemática de trabajo diaria en la cabina del camión”.

El problema no es un PDF
Esta diferencia de partida ayuda a explicar uno de los consensos que atraviesa al sector: reducir el DeCA a la generación de un PDF supondría desaprovechar buena parte de la transformación.
Jordi Espín, secretario general de Transprime, considera que “generar un documento digital es relativamente sencillo”; lo complejo es incorporarlo a “una cadena en la que participan empresas con niveles de digitalización muy distintos”. Para Espín, el verdadero reto será conseguir que la información se genere correctamente, llegue a quien debe recibirla y pueda modificarse sin trasladar más carga administrativa al conductor. Ese matiz resulta fundamental porque la Resolución establece que el fichero tiene que nacer de forma digital mediante la transformación de datos estructurados. Además, las aplicaciones deberán registrar la fecha y hora de creación y, cuando exista una modificación, también el momento en que esta se produzca. El documento debe permanecer almacenado en un repositorio que garantice su disponibilidad para las inspecciones. Por tanto, el DeCA no es únicamente un documento que se genera al comienzo del servicio y después permanece inalterable.
Una sustitución de vehículo, un cambio de matrícula o determinadas modificaciones de la operación pueden obligar a actualizar la información. Lacaci indica precisamente en esta condición de “documento vivo”: “No basta con introducir unos datos iniciales para generar un DeCA en formato PDF y considerar finalizado el proceso”. Los datos tienen que mantenerse estructurados durante todo el ciclo del transporte para que cualquier modificación quede reflejada y la información disponible mediante el QR corresponda con la realidad de la operación. Así se observa uno de los primeros grandes desafíos organizativos, que pasa por digitalizar el documento no consiste simplemente en trasladar al ordenador la misma secuencia que antes se hacía en papel; implica conectar la gestión documental con la propia operación.
Otra gran prueba llegará fuera de los despachos, ya que el nuevo modelo descansa sobre un sistema sencillo en teoría: el DeCA incluye un QR que contiene una dirección web única. Durante una inspección, esa URL debe permitir la descarga directa del PDF. La dirección debe utilizar HTTPS y no puede conducir a una página que exija credenciales, autenticación, botones de descarga u otras interacciones manuales.
Y la posibilidad de descarga podrá desactivarse transcurridos siete días naturales desde la finalización del servicio, aunque cargador contractual y transportista efectivo deberán conservar los ficheros durante al menos un año. Pero la operativa de un camión introduce variables que no existen en una oficina (“la carretera no es una oficina”, advierte Valdivia). “Un sistema que funciona perfectamente en un ordenador de una empresa puede encontrarse con dificultades cuando la operación se desarrolla en movimiento, en un área industrial, en un centro logístico o en una zona con cobertura deficiente”.
ASTIC pone sobre la mesa cuestiones tan cotidianas como la conectividad, la batería del dispositivo, una caída temporal de los sistemas o una modificación de última hora. “La digitalización será un éxito si hace más sencilla la inspección, no si convierte una incidencia tecnológica en un problema administrativo para el transportista”, apunta.
Fenadismer comparte esta inquietud y señala específicamente los problemas de cobertura en zonas remotas, áreas de carga o puntos fronterizos, además de las dificultades que puede generar la manipulación de dispositivos para determinados conductores y la necesidad de sincronización entre los sistemas del cargador y los terminales utilizados en el vehículo.
La regulación introduce, no obstante, una flexibilidad relevante: el conductor no tiene necesariamente que mostrar el DeCA desde un teléfono móvil. Una vez generado, debe recibir una copia antes del comienzo del servicio, pero puede llevarla electrónicamente en un dispositivo móvil o incluso impresa en papel. En ambos casos deberá contener el QR. Durante una inspección podrá presentar el propio DeCA con el código o únicamente el QR. Es decir, lo que obligatoriamente tiene que nacer y existir en formato digital es el documento; eso no impide portar una copia física con su código correspondiente. Y esta distinción puede resultar especialmente relevante durante los primeros mesesde implantación.
Conductor VS informático
Las organizaciones consultadas coinciden también en otra advertencia: el último eslabón no debería cargar con los problemas tecnológicos generados aguas arriba. “La tecnología debería ser prácticamente invisible para quien ejecuta el transporte”, sostiene Espín. Desde Transprime preocupa especialmente que una incidencia termine recayendo sobre quien está físicamente delante del inspector. “El conductor debe poder acceder y mostrar el DeCA de manera sencilla, pero no convertirse en el responsable tecnológico o administrativo de una información que se genera en otros puntos de la cadena”.
Y por su parte, Quijano plantea una idea prácticamente idéntica desde CETM: la tecnología debe facilitar el trabajo del conductor y no trasladarle nuevas responsabilidades.
AECOC considera que técnicamente la generación automática del QR no representa una dificultad significativa con las soluciones actualmente disponibles, pero Jaso sitúa el punto crítico en garantizar que la documentación llegue al conductor antes de comenzar el viaje o en el momento de la carga. Esto requiere, afirma, “una coordinación perfecta entre el cargador y el transportista”. Para el conductor, además, supone pasar de un procedimiento conocido en papel a una interacción completamente nueva con la autoridad, por lo que será necesaria una capacitación básica y procedimientos muy intuitivos.
Cambios organizativos
El debate sobre el coste del DeCA muestra algunos matices entre las organizaciones. Transprime considera que la implantación no debería exigir grandes inversiones económicas. “El esfuerzo principal será conceptual, al mismo tiempo que organizativo”, señala Espín. El peligro, añade, sería convertir la digitalización en “un multiplicador de complejidad”: “Si para eliminar un papel generamos nuevos costes, plataformas y procedimientos, habremos perdido una parte importante de la oportunidad”.
ACE entiende que, aunque existen numerosas soluciones disponibles, para autónomos y pymes la adaptación puede implicar tanto herramientas como formación, reorganización de procedimientos e integración con los sistemas.
Existe una brecha de adopción en autónomos y pequeñas empresas del documento
CETM insiste, por su parte, en que el impacto dependerá fundamentalmente del punto de partida. Para las compañías que ya trabajan con documentación electrónica, la transición puede ser limitada; para otras implicará introducir herramientas y procedimientos completamente nuevos. En consecuencia, el principal coste puede no estar en generar el documento, sino en construir alrededor de él un proceso capaz de funcionar sin fricciones. En este contexto, el conjunto de las fuentes consultadas considera que el DeCA puede convertirse en un catalizador para una digitalización mucho más profunda del transporte español si las empresas evitan limitarse a reproducir electrónicamente el procedimiento anterior. “Digitalizar no es obtener un PDF”, afirma Espín. La información, sostiene, tiene que poder reutilizarse, ser accesible para los distintos actores y generar valor. Bajo esa lógica, el DeCA podría abrir la puerta a “menos duplicidades, mayor trazabilidad y, sobre todo, mejor información para tomar decisiones transparentes que fomenten la cooperación operativa real”, afirma el entrevistado a Diario del Puerto.
Lacaci coincide en que “el verdadero valor del DeCA no reside en sustituir el documento en papel por un PDF, sino en los datos que lo conforman y en la posibilidad de integrarlos, compartirlos y reutilizarlos a lo largo de toda la cadena de transporte”. Para ACE, la implantación debería entenderse menos como un proyecto tecnológico que como una oportunidad de mejora operativa.
AECOC habla de un “catalizador de la transformación digital del sector”. Jaso identifica cuatro ámbitos de impacto: trazabilidad en tiempo real, automatización administrativa, intercambio de información entre actores e interoperabilidad europea.
ASTIC añade otro efecto: el impulso al eCMR. Valdivia recuerda que la organización lleva años trabajando en la carta de porte electrónica y considera que la obligatoriedad del documento de control digital puede acelerar la adopción del eCMR y de otros documentos electrónicos asociados al transporte.
En último término, una operación cuyos datos nacen estructurados puede evitar que la misma información tenga que volver a introducirse en diferentes documentos, sistemas, procesos administrativos o procedimientos de facturación. Ahí reside, según explican los expertos del sector, la diferencia entre digitalizar un papel y digitalizar una operación.
El verdadero valor del DeCA no reside en sustituir un documento en papel por un PDF, sino en los datos
Inspección
A pocos días de la fecha límite, las asociaciones han estado reclamando también claridad y pedagogía. Transprime considera que el sector requiere, sobre todo, explicar qué resulta realmente “necesario e indispensable” para cumplir, evitando incorporar complejidades que la propia norma no exige. “Esto no va de construir islas digitales ni de multiplicar soluciones”, advierte Espín.
CETM pide información, formación y criterios homogéneos de aplicación, además de que las dudas que aparezcan durante los primeros meses puedan resolverse con rapidez.
Las posiciones respecto a cómo gestionar el aterrizaje. AECOC no plantea retrasar la obligación: “No se trata de pedir más tiempo ni de diferir las obligaciones normativas”, sostiene Jaso.
Pero ACE, ASTIC y Fenadismer sí consideran conveniente cierta proporcionalidad durante la fase inicial. Nuria Lacaci, desde ACE, plantea que se prioricen la información y la corrección de los errores propios de la adaptación antes que una actuación exclusivamente sancionadora; por su parte, Ramón Valdivia, desde ASTIC, considera “razonable” un periodo inicial de adaptación inspectora, mientras que Fenadismer reclama flexibilidad para evitar que incidencias informáticas o problemas de aprendizaje deriven en sanciones económicas.

El DeCA mira hacia Europa
La transformación tampoco termina en España puesto que la propia Resolución española contempla expresamente su relación con el Reglamento europeo 2020/1056 sobre información electrónica relativa al transporte de mercancías, conocido como eFTI. De hecho, establece que cuando los datos exigidos se gestionen y presenten utilizando el esquema definido por eFTI y sus normas de desarrollo no será necesario presentar el DeCA en la forma descrita por la Resolución española.
Conviene diferenciar, sin embargo, ambos marcos. Como precisa Nuria Lacaci, secretaria general de ACE, el DeCA constituye una obligación nacional, mientras que eFTI no establece actualmente una obligación general para que los operadores económicos utilicen documentación electrónica. Su lógica consiste en que las autoridades competentes puedan aceptar y procesar la información reglamentaria facilitada electrónicamente conforme al ecosistema europeo. El propio Reglamento prevé que la Comisión evalúe antes de febrero de 2029, entre otras cuestiones, posibles iniciativas futuras para establecer una obligación de suministro electrónico de información por parte de los operadores. Precisamente por eso, el aprendizaje derivado del DeCA puede adquirir un valor estratégico.
Para Ramón Valdivia, de ASTIC, el objetivo final no puede consistir en disponer de “un documento electrónico español, otro documento electrónico francés, otro alemán y diferentes plataformas para cada Administración”. La información debería acompañar digitalmente a la mercancía de forma segura, interoperable y reconocible por las autoridades de los distintos Estados. Esto resulta especialmente importante para el transporte internacional, donde multiplicar sistemas nacionales supondría reproducir digitalmente las fronteras administrativas que precisamente se pretende reducir. Desde ACE consideran igualmente que la experiencia española puede facilitar la futura evolución hacia eFTI y una utilización más generalizada del eCMR.
Juan José Gil, secretario general de Fenadismer, anticipa una progresiva convergencia del DeCA con otros procesos de digitalización empresarial y administrativa y reclama que ese avance no termine expulsando del mercado a quienes disponen de menos capacidad tecnológica.
En este contexto, el próximo 5 de octubre servirá para comprobar cuántas empresas han adaptado realmente sus procesos, si los documentos llegan correctamente a los conductores, cómo funcionan los sistemas durante los controles en carretera y hasta qué punto las plataformas elegidas por cargadores y transportistas son capaces de convivir entre ellas. Pero el examen decisivo llegará después; si el cambio se limita a sustituir un documento físico por un PDF alojado en Internet, el sector habrá cumplido una obligación normativa sin transformar sustancialmente su funcionamiento. Si, por el contrario, consigue que los datos se generen una sola vez, se actualicen durante toda la operación y puedan reutilizarse por cargadores, operadores, transportistas, conductores y Administraciones, el DeCA habrá abierto una puerta mucho mayor.
Qué es el DeCA y qué cambia con su implantación
El DeCA (Documento electrónico de Control Administrativo) supone la digitalización del documento de control que debe acompañar a los transportes públicos de mercancías por carretera en España.
La novedad fundamental es que la información que hasta ahora podía gestionarse y conservarse en papel pasa a integrarse en un documento electrónico, permitiendo acreditar los datos esenciales de cada operación de transporte mediante medios digitales.
El documento de control recoge información básica de la operación, como la identificación del cargador contractual y del transportista efectivo, el origen y destino del envío, la naturaleza y peso de la mercancía, la fecha de realización del transporte o la matrícula del vehículo, entre otros datos exigidos por la normativa.
Con el DeCA, esta información se genera, gestiona y conserva electrónicamente, de forma que pueda estar disponible durante el transporte y ser presentada ante los servicios de inspección cuando sea requerida. El objetivo es sustituir progresivamente los procesos documentales en papel por un sistema digital que facilite la trazabilidad, agilice las comprobaciones y reduzca cargas administrativas.
La implantación implica, por tanto, un cambio operativo para toda la cadena: cargadores, operadores de transporte y transportistas deben adaptar sus sistemas y procedimientos para garantizar que la documentación electrónica se genera correctamente, que la información es accesible durante el servicio y que puede ser facilitada a la Administración en los términos establecidos.
Más allá del cambio de soporte, la digitalización del documento de control persigue también mejorar la capacidad de supervisión de las operaciones de transporte y avanzar de esta manera hacia una gestión más automatizada de la información del transporte, en un sector en el que buena parte de la documentación todavía se intercambia mediante procedimientos tradicionales.
Desafío: la subcontratación
La normativa distribuye la responsabilidad sobre los datos y tras la modificación introducida en 2026 en la Orden FOM/2861/2012, el cargador contractual responde de la exactitud de determinados datos relativos a las partes y a la operación, mientras que el transportista efectivo responde de los vinculados a la ejecución material del servicio.
Nuria Lacaci, secretaria general de ACE, explica que el cargador contractual responde, entre otros aspectos, de los datos de las partes, origen, destino, naturaleza y peso de la mercancía, mientras que el transportista efectivo lo hace respecto a información relacionada con la ejecución, como la fecha, las matrículas o, cuando corresponda, la autorización especial de circulación. El problema aparece cuando entre ambos extremos se interponen agencias, operadores y sucesivos niveles de contratación.
“La subcontratación será probablemente la verdadera prueba de estrés del DeCA”, pronostica Jordi Espín, secretario general de SSC. Cuanto más larga sea la cadena, mayor será el riesgo de que la información deje de acompañar correctamente a la operación. De ahí que, en su opinión, no baste con digitalizar individualmente cada empresa: “Necesitamos digitalizar también la relación entre ellas: la digitalización del flujo es, en esencia, lo más importante”.
Fenadismer alerta de posibles “agujeros negros” de información cuando el cargador contractual no genere o actualice correctamente el documento y, especialmente, del peligro de que cada gran operador imponga su propia solución tecnológica al transportista efectivo. Y ese escenario conduce directamente a la interoperabilidad, algo en lo que coinciden los entrevistados.
Fragmentación digital
La proliferación de plataformas puede terminar convirtiéndose en uno de los efectos indeseados de la transformación. Un autónomo que trabaja para numerosos clientes no debería tener que manejar una aplicación, credenciales y procedimientos distintos para cada uno. “No podemos sustituir la fragmentación del papel por una fragmentación digital”, advierte Lacaci. Para ACE, las plataformas deben poder comunicarse y reutilizar los datos para evitar que transportistas y conductores introduzcan reiteradamente la misma información.
Ramón Valdivia, vicepresidente ejecutivo de ASTIC coincide en que “el transportista no puede estar obligado a utilizar una plataforma diferente para cada cliente”.
José María Quijano, secretario general, de CETM añade que el objetivo es “digitalizar no consiste simplemente en sustituir el papel por una pantalla. El verdadero avance llegará con la interoperabilidad entre sistemas”. El problema adquiere una dimensión particular para las pequeñas empresas. Una gran compañía puede integrar distintas soluciones con sus sistemas de gestión. Para un autónomo, cada nueva plataforma puede convertirse en una nueva tarea administrativa que tiene que realizar además de conducir, gestionar el vehículo y atender las obligaciones propias de su actividad.
De ahí que Fenadismer reivindique herramientas públicas “gratuitas, abiertas e interoperables” y cite iniciativas como SIMPLE, a nivel estatal, o Padelt en Cataluña. La federación considera que estas alternativas pueden desempeñar un papel importante para evitar que el coste de acceso a la digitalización se convierta en una barrera para los operadores con menor estructura.
