11/05/2025 TRANSPORTE XXI
La inestabilidad en Ormuz impulsa una reconfiguración estructural del transporte, con más peso de la intermodalidad y de los corredores terrestres en los países árabes.

El transporte marítimo internacional ha entrado en una nueva fase de adaptación acelerada ante la pérdida de fiabilidad del estrecho de Ormuz. Lo que durante décadas ha sido una arteria incuestionable del comercio global se ha convertido en un punto de riesgo intermitente, forzando a las navieras a replantear no solo rutas, sino el propio diseño de sus cadenas logísticas. La respuesta del sector “ya no se limita a desvíos puntuales, sino que avanza hacia una integración estructural de soluciones intermodales y terrestres que están redefiniendo la red en la región”, explica a Transporte XXI un transitario de una compañía española con intereses en la región.
Los últimos incidentes registrados en la zona, incluidos ataques a buques comerciales y la volatilidad de los corredores de seguridad, han erosionado la confianza en cualquier anuncio de apertura estable del estrecho, pese a las reiteradas proclamas de Donald Trump. Y es que, en las últimas horas, la anunciada operación “Proyecto Libertad” para escoltar militarmente a embarcaciones en el estrecho de Ormuz se ha pausado en la búsqueda de un nuevo acuerdo de paz con Irán.
Pese a ello, el escenario muestra “una fragilidad de los compromisos de tránsito seguro”, explican las fuentes consultadas por este periódico, “lo que está generando un cambio de mentalidad en las compañías, que adoptan ahora un enfoque más conservador y basado en la resiliencia operativa”. La lógica ha cambiado: esperar a que el paso sea seguro ya no es suficiente; hay que diseñar alternativas permanentes.
En este contexto, los desarrollos intermodales están dejando de ser contingencias para consolidarse como parte de la red troncal. Un ejemplo es el acuerdo firmado entre la naviera francesa CMA CGM y AD Ports Group en Abu Dabi, que supone un punto de inflexión en esta estrategia. El acuerdo plantea una extensión efectiva del hinterland portuario mediante depósitos interiores conectados por ferrocarril, puertos secos y plataformas logísticas que permiten desplazar el punto de entrega más allá del muelle. La carga deja de depender exclusivamente del tránsito marítimo continuo y gana flexibilidad mediante su redistribución terrestre.
Este modelo responde a una necesidad inmediata, pero también anticipa un cambio estructural. La conectividad ferroviaria hacia las fronteras con Omán y Arabia Saudí abre nuevas opciones de corredor, reduciendo la exposición al Estrecho y diversificando las rutas comerciales. “La intermodalidad se convierte así en un elemento clave para ampliar las opciones logísticas en una región marcada por la incertidumbre geopolítica”, explican las fuentes consultadas.
Crecimiento de la actividad terrestre
El impacto de esta transformación ya es visible en nodos concretos. Algunos enclaves de la región como Khor Fakkan (Emiratos Árabes Unidos) han experimentado un crecimiento exponencial en su actividad terrestre en cuestión de semanas. El aumento del tráfico de camiones, la ampliación urgente de accesos y la multiplicación del rendimiento en términos de contenedores evidencian que no se trata de ajustes marginales, sino de una “reconfiguración en tiempo real” de las cadenas de suministro. La mercancía sigue fluyendo, pero lo hace “a través de esquemas híbridos que combinan tramos marítimos con puentes terrestres cada vez más sofisticados”, explican transitarios españoles con intereses en la zona.
Y es que navieras como MSC o Maersk están incorporando estas soluciones en su oferta comercial de forma sistemática. Servicios que combinan escalas en el mar Rojo con transporte terrestre hacia la zona afectada, o puentes logísticos entre puertos estratégicos y destinos finales interiores, se están convirtiendo en productos estándar. La intermodalidad deja de ser un complemento para convertirse “en el núcleo de la propuesta de valor, especialmente en un entorno donde los tiempos de tránsito y la previsibilidad se han vuelto críticos”.
Al mismo tiempo, la incertidumbre en Ormuz sigue condicionando las decisiones operativas. La posibilidad de escoltas militares no garantiza por sí sola la reactivación del tráfico, ya que las compañías ponderan riesgos que van más allá de la seguridad inmediata, incluyendo la exposición a minas, ataques asimétricos o cambios regulatorios. La introducción de sistemas de permisos y potenciales peajes, una de las soluciones planteadas por la administración Trump, añade otra capa de complejidad que refuerza la tendencia a buscar alternativas fuera del Estrecho.
Este escenario recuerda a lo ocurrido en el mar Rojo en los últimos años, donde, pese a la presencia naval, muchas navieras optaron por rutas más largas, pero más seguras. La diferencia es que, en el caso de Oriente Medio, la respuesta está siendo más rápida y estructurada, con inversiones y acuerdos que apuntan a una reconfiguración duradera del mapa logístico regional.