21/04/2026 MUNDO MARÍTIMO
El conflicto en Medio Oriente ya está generando efectos visibles en el transporte marítimo de contenedores, con alzas de costos, redes operativas más complejas y un entorno de creciente volatilidad, según se desprende del webinar “Container shipping market outlook briefing” de Drewry, realizado el 15 de abril, en el que participaron Simon Heaney, Senior Manager, Container Research, de la consultora y Philip Damas, Managing Director y Head of Drewry Supply Chain Advisors. Ambos coincidieron en que, si bien el impacto directo aún es acotado, la prolongación o escalada del conflicto podría afectar de forma más profunda al comercio global y al desempeño del sector.
Heaney advirtió que el escenario sigue marcado por la incertidumbre: “hay mucho ruido, pero no hay un calendario definido para una solución, y existe amplio margen para una reescalada”. En ese contexto, explicó que las líneas navieras no tienen otra opción que adaptarse gradualmente, manteniendo servicios hacia Medio Oriente de forma fragmentada y flexible, mientras esperan mayor claridad.
Explicó además que tras el inicio del conflicto, las líneas navieras reaccionaron en fases. En una primera etapa suspendieron servicios y reservas hacia el Golfo Pérsico, desviando cargas a puertos seguros. Luego, en cuestión de semanas, avanzaron hacia soluciones indirectas para restablecer los flujos. Según Heaney, “servicios feeder multimodales y corredores terrestres fueron rápidamente establecidos”, permitiendo reconectar la región, aunque con mayores complejidades. En efecto, advirtió que “los servicios ahora tardan más, son más complejos y mucho más caros”, reflejando el surgimiento de una red de hubs alternativos fuera del Estrecho de Ormuz, que, sin embargo, siguen expuestos a riesgos.
El resultado es un entorno operativo “altamente dinámico y fragmentado”, donde el transporte hacia y desde Medio Oriente continuará siendo indirecto y vulnerable mientras persista la crisis. A esto se suma el impacto en los costos, particularmente por el alza del combustible. Heaney indicó que “los precios del bunker han subido entre 60% y 80% desde el inicio de la guerra”, lo que llevó a la implementación de recargos de emergencia por parte de las líneas navieras.
Desde la perspectiva de los propietarios de carga, Philip Damas confirmó que estos incrementos ya se reflejan en el mercado: “los fletes spot en rutas conectadas con el Golfo se han multiplicado por tres o cuatro respecto a niveles previos al conflicto”. No obstante, proyectó que hacia adelante la competencia podría moderar estos niveles, siempre que no haya una escalada mayor.
A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia, el conflicto actual también plantea riesgos sobre la demanda. Heaney subrayó que “este conflicto conlleva un riesgo significativo de caída en la demanda”, especialmente por el impacto del petróleo en la economía global. Según explicó, “cada aumento de US$10 en el precio del crudo reduce el crecimiento del PIB global entre 0,1 y 0,2 puntos porcentuales”, lo que, en un escenario extremo, podría llevar a recesión en algunas economías.
Pese a ello, el sistema aún muestra resiliencia. “Los flujos comerciales se han doblado, pero no se han roto”, afirmó Heaney, aunque Drewry ya ajustó a la baja sus proyecciones de crecimiento de la movilización de carga portuaria global, con riesgos adicionales si el conflicto se intensifica.
Perspectivas a mediano plazo
Más allá del corto plazo, el análisis apunta a cambios estructurales en la industria. Heaney destacó que las líneas navieras están avanzando hacia redes más resilientes: “buscan reducir su dependencia de cualquier ruta única”, lo que podría consolidar una reconfiguración permanente de las rutas marítimas. Asimismo, se observa un impulso hacia estrategias de abastecimiento más cercanas y diversificadas, aunque a costa de mayores tiempos de tránsito.
En este contexto, Damas planteó recomendaciones concretas para los propietarios de carga. Entre ellas, gestionar activamente los recargos: “introducir políticas propias basadas en índices independientes puede evitar aumentos unilaterales de las navieras”. También enfatizó la necesidad de monitorear constantemente las alternativas logísticas: “comparar diferentes rutas, puertos y formas de abastecimiento” en un entorno cambiante.
Pese a la volatilidad, el ejecutivo destacó que aún existen oportunidades para negociar contratos favorables: “los propietarios de carga podrán asegurar tarifas contractuales más bajas que el año pasado”, aunque advirtió que las rutas vinculadas a Medio Oriente seguirán siendo particularmente inestables.
Finalmente, Heaney afirmó que “el comercio encuentra la forma”, pero lo hace en un entorno cada vez más exigente, donde la capacidad de adaptación será clave para todos los actores de la cadena logística.
