03/11/2026 GRUPO C DE COMUNICACIÓN

España alcanza un 61% de implantación de inteligencia artificial, por encima del 54% de la media europea. Sin embargo, la fragmentación de los datos sigue frenando su integración operativa, mientras las empresas que ya la utilizan empiezan a registrar mejoras en ingresos, costes y conversión.

La inteligencia artificial gana terreno en las empresas españolas de distribución, aunque todavía existe una distancia considerable entre incorporar esta tecnología y delegar en ella procesos críticos de forma autónoma. Mientras España alcanza un nivel de implantación del 61%, frente al 54% de la media comunitaria, únicamente el 17% de las compañías ha dado este segundo paso.

Así lo expuso Lisa Martínez, Head of AI GTM Iberia and MENAT de Google Cloud, durante el 41º Congreso AECOC de Gran Consumo, celebrado en Sevilla ante más de 1.300 directivos de empresas de industria y distribución. Precisamente, uno de los principales obstáculos se encuentra en la propia arquitectura de información: el 40% de los retailers españoles reconoce no estar preparado debido a la fragmentación de sus datos.

Además, la diferencia resulta especialmente acusada dependiendo del grado de madurez digital de las organizaciones. Según los datos presentados, el 74% de las compañías nativas digitales estaría preparado para operar con agentes autónomos, mientras que el porcentaje cae hasta el 16% entre las empresas tradicionales.

De responder preguntas a ejecutar acciones

El cambio de fondo, según Martínez, pasa precisamente por evolucionar desde herramientas que únicamente proporcionan respuestas hacia sistemas capaces de intervenir directamente sobre determinados procesos.

“Pasamos de la IA que responde a la IA que actúa”.

Esta evolución empieza, además, a trasladarse al comportamiento del consumidor. Uno de cada tres consumidores españoles ya utiliza inteligencia artificial durante sus procesos de compra, según los datos compartidos durante el encuentro.

Al mismo tiempo, el tráfico generado a través de estas herramientas está adquiriendo un peso creciente. Durante el primer trimestre de 2026, las visitas a páginas web de distribuidores procedentes de inteligencia artificial aumentaron un 393%, mientras que su tasa de conversión fue un 42% superior a la registrada por el tráfico convencional.

En este escenario, la IA empieza a intervenir antes incluso de que el consumidor llegue al establecimiento físico o digital. “La conversación con la IA no sustituye al lineal. Decide quién llega ahí”, resumió Martínez.

61% Implantación de IA en España

España supera el 54% de implantación registrado como media en la Unión Europea.

El impacto empieza a llegar a ingresos y costes

Más allá de captación y conversión, Google Cloud también presentó datos sobre el impacto empresarial de las implantaciones ya realizadas. Según las cifras expuestas, el 89% de las empresas de distribución que utilizan inteligencia artificial ha incrementado sus ingresos, mientras que el 95% asegura haber reducido costes operativos y tiempos.

No obstante, el salto desde proyectos concretos hasta una integración transversal continúa condicionado por la calidad, disponibilidad y gobierno de los datos. En consecuencia, Martínez defendió que la adopción de IA no puede quedar exclusivamente en manos de las áreas tecnológicas, sino que debe incorporarse también a las decisiones de negocio.

A ello se suma otra variable: la confianza. Conforme los sistemas adquieren mayor autonomía y utilizan más información sobre clientes, productos y operaciones, la gobernanza del dato se convierte también en una condición para poder escalar estos modelos.

“Un dato gobernado sin la confianza del consumidor no sirve para nada”.

De la eficiencia a la resiliencia de la cadena de suministro

El Congreso AECOC también situó la transformación tecnológica dentro de un contexto más amplio marcado por una mayor incertidumbre geopolítica y por la reconfiguración de las cadenas globales de suministro.

En este sentido, el analista geopolítico Marco Vicenzino defendió que las compañías europeas deberán incorporar cada vez más variables geopolíticas a sus decisiones sobre abastecimiento, producción y localización.

Así, frente a una estrategia centrada exclusivamente en maximizar la eficiencia, el experto planteó avanzar hacia modelos que incorporen resiliencia, diversificación y seguridad de suministro, incluyendo la producción en países aliados y en mercados con mayor transparencia y seguridad jurídica.