02/03/2026 MUNDO MARÍTIMO
Este 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, que respondió con misiles contra bases estadounidenses en Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait y Arabia Saudí, además de Israel. La nueva fase del conflicto eleva de forma abrupta el riesgo para el transporte marítimo, especialmente en el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo.
Las principales líneas navieras reaccionaron de inmediato. Hapag-Lloyd señaló que “la seguridad de nuestras tripulaciones, buques y su carga sigue siendo nuestra máxima prioridad”, advirtiendo que los servicios con recaladas en el Golfo Arábigo “pueden experimentar retrasos, desvíos o ajustes de itinerario”. Además, subrayó que la medida “no es discrecional sino una respuesta necesaria a las condiciones actuales”.
CMA CGM fue más allá al ordenar que todos sus buques dentro o en ruta hacia el Golfo Pérsico “procedan inmediatamente a buscar refugio”, suspendió el tránsito por el Canal de Suez y anunció desvíos vía Cabo de Buena Esperanza. La decisión, precisó, “está dictada por consideraciones de seguridad”. MSC, en tanto, ha suspendido todas las reservas de carga mundial hacia la región de Oriente Medio hasta nuevo avis y Maersk informa que todos sus itinerarios en sus servicios ‘MECL’ y ‘ME11’ serán ahora redirigidas por el sur de África en lugar de la ruta de Suez a la que acababan de cambiar.
El analista de la industria marítima Lars Jensen describió el momento como el inicio de “grandes operaciones de combate en desarrollo en Medio Oriente” y advirtió que la crisis del Mar Rojo —que ya suma 834 días— podría extenderse “más allá de los 1.000 días” si no hay un desenlace rápido. Aunque precisó que si bien, “actualmente no hay informes de que ningún buque comercial haya sido atacado”, el Times of Israel citó fuentes hutíes que anticipan una posible reanudación de los ataques en el área.
Se consolida ruta a través del Cabo de Buena Esperanza
La advertencia marítima de Estados Unidos estableció una zona de riesgo en el Golfo Pérsico, Golfo de Omán, Mar Arábigo Norte y Estrecho de Ormuz, señalando que la Armada estadounidense “no puede garantizar la seguridad” de la navegación mercante en el área.
Desde la perspectiva de seguridad, Jakob Larsen, Chief Safety & Security Officer de BIMCO, sostuvo que el ataque “incrementa dramáticamente el riesgo para los buques que operan en el Golfo Pérsico”. Añadió que las tasas de seguro “aumentarán muchas veces” y que buques con vínculos comerciales con Estados Unidos o Israel “probablemente no podrán obtener cobertura”. Respecto del Estrecho de Ormuz, evaluó que Irán tiene capacidad para “coaccionar a la navegación comercial para impulsar la decisión de no entrar en el área de conflicto” en el corto plazo.
La consultora Xeneta advirtió que la nueva escalada “verá una mayor militarización en torno al comercio marítimo, destrozando las esperanzas de un regreso a gran escala del transporte de contenedores al Mar Rojo en 2026”. Según su jefe de análisis, Peter Sand, si los hutíes reanudan ataques —“como ahora parece probable”— las navieras revertirán cualquier retorno al Canal de Suez y priorizarán rutas por el Cabo de Buena Esperanza.
El impacto estructural no es menor. Navegar alrededor del Cabo de Buena Esperanza absorbe unos 2,5 millones de TEU de capacidad global. Un regreso masivo al Mar Rojo habría liberado esa capacidad y presionado fuertemente a la baja las tarifas. Sin embargo, con ese escenario ahora “poco probable”, Xeneta estima que las tarifas seguirán suavizándose, pero “no caerán tan fuerte como se esperaba”.
En el Golfo Pérsico, la situación es aún más delicada. No existe alternativa marítima viable para puertos como Jebel Ali si el estrecho de Ormuz queda fuera de límites. Xeneta anticipa que las líneas navieras omitirán recaladas y descargarán en puertos alternativos para transporte terrestre, lo que “causará severa disrupción y congestión portuaria a nivel regional”, aunque sin el impacto sistémico del Mar Rojo.
En el corto plazo, los armadores evalúan riesgos considerando intención y capacidad de ataque, vulnerabilidad del buque y aceptación de riesgo corporativa. Algunas líneas navieras optarán por mantenerse completamente fuera de la zona; otras transitarán con medidas reforzadas y coordinación militar.
Las primeras horas del conflicto muestran una reacción preventiva más que reactiva: búsqueda de refugio, desvíos y suspensión de tránsitos clave. Si las hostilidades se prolongan o los hutíes retoman ataques, la industria podría enfrentar una prolongación de la crisis logística iniciada en 2023, consolidando un escenario de rutas más largas, mayor costo asegurador y persistente inestabilidad tarifaria.