07/04/2026 MUNDO MARÍTIMO

El Estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado, generando efectos que ya se extienden a la economía global a través de la interrupción de los flujos energéticos y el alza sostenida de precios, según la UNCTAD. Como una de las principales vías del comercio mundial de petróleo y gas, su bloqueo impacta directamente en los costos de producción, el comercio y el consumo. El encarecimiento de la energía eleva el costo de vida, afectando con mayor fuerza a las economías más vulnerables. En este escenario, se anticipa una desaceleración del comercio y del crecimiento en 2026, junto con presiones financieras en países en desarrollo, como depreciación de monedas y mayor costo de la deuda. De persistir las tensiones, los efectos económicos podrían profundizarse a nivel global.

Una ruta crítica de suministro paralizada

El Estrecho de Ormuz ha visto caer la actividad casi a cero. El tránsito de buques disminuyó de alrededor de 130 por día en febrero a solo 6 en marzo, un desplome de aproximadamente 95%. La interrupción está afectando una gran parte de los suministros mundiales de petróleo y gas, con consecuencias inmediatas para la producción, el comercio y el consumo a nivel global. También se está propagando a los sistemas de transporte, incluidas las rutas marítimas, la carga aérea y la logística portuaria.

Los shocks energéticos se han consolidado como el principal canal de transmisión del conflicto hacia la economía global, impulsando al alza los precios de los combustibles desde la escalada del 28 de febrero y elevando también los costos del transporte de petróleo, indica la UNCTAD. “Este encarecimiento se traslada a las cadenas de suministro, incrementando los costos de producción y distribución a nivel mundial, con efectos directos sobre el comercio y la inflación”, señala el organismo.

El impacto es desigual dentro del transporte marítimo: los tanqueros y lo buques tanque de gas natural licuado, altamente dependientes de las rutas del Golfo, han sido los más afectados, enfrentando menores volúmenes y mayores costos por riesgo, mientras que otros segmentos, como contenedores y graneles, resienten de forma indirecta el alza de costos. De prolongarse las interrupciones, señala la UNCTAD, los precios energéticos podrían mantenerse elevados, intensificando las presiones inflacionarias, especialmente en regiones dependientes de las importaciones desde  Medio Oriente, como Asia Meridional y Europa.

En consecuencia, los costos de transporte marítimo y seguros suben a la par, intensificando la presión. Al mismo tiempo, la inflación repunta, amplificando la inestabilidad financiera. La escalada también está dejando al descubierto vulnerabilidades subyacentes, como el débil crecimiento, el aumento de la desigualdad y los mayores costos de vida.

El comercio y el crecimiento pierden impulso

El comercio inició 2026 con bases sólidas, pero se prevé que pierda dinamismo a medida que avance el año. Según estimaciones de la UNCTAD, el crecimiento del comercio mundial de carga se desacelerará de alrededor de 1,5% y 2,5% en 2026, a medida que se debilita la demanda global y aumenta la incertidumbre.

Las interrupciones representan un importante shock de oferta, elevando los precios mientras afectan la demanda. Se espera que el crecimiento mundial se desacelere de 2,9% en 2025 a 2,6% en 2026, suponiendo que el conflicto no se intensifique aún más.

El aumento de las tensiones geopolíticas incrementa la incertidumbre, lo que dificulta prever los resultados económicos y supone un obstáculo adicional para la inversión y el comercio.

Creciente presión financiera

La UNCTAD señala que la creciente incertidumbre también se refleja en los mercados financieros, donde los inversionistas se alejan de activos de mayor riesgo, provocando ventas más intensas de acciones, bonos y monedas en economías en desarrollo que en las avanzadas. Este escenario ha debilitado sus divisas, encareciendo importaciones clave como combustibles y alimentos, mientras el acceso al financiamiento externo se vuelve más costoso, dificultando la obtención de capital en un momento de alta necesidad.

Las economías en desarrollo concentran los mayores impactos de la actual coyuntura, dice la UNCTAD, debido al alza de los precios de la energía, que incrementa los costos de importación, y a la depreciación de sus monedas, que amplifica estas presiones. “A ello se suman condiciones financieras más restrictivas, que limitan la capacidad de respuesta de los gobiernos frente a un entorno cada vez más exigente”.

En este contexto, se agrava por el encarecimiento simultáneo de la energía, los alimentos y los fertilizantes, junto con una menor demanda externa, afectando incluso a países exportadores de energía, donde la volatilidad y los mayores costos diluyen los beneficios. La UNCTAD concluye que “en las economías más vulnerables, estas tensiones elevan los riesgos para la seguridad alimentaria y complejizan la gestión macroeconómica, en un contexto donde cerca de 3.400 millones de personas viven en países con escaso margen fiscal, al destinar más recursos al servicio de la deuda que a áreas clave como salud o educación”.