Los precios de la gasolina y el diésel encadenan siete semanas consecutivas al alza y marcan un máximo desde 2013

22/10/2021 EL PAÍS

La escalada de los costes de los carburantes no frena. El precio de la gasolina está esta semana en su punto más alto desde marzo de 2013, al superar los 1,48 euros, según el Boletín Petrolero de la Unión Europea publicado este jueves. Tras subir un 1,16% en los últimos siete días, este carburante encadena ya siete semanas consecutivas de ascensos. El gasóleo también prolonga su espiral alcista una semana más, ya por encima de los 1,35 euros, un precio que no se veía desde diciembre de 2013. El diésel se ha encarecido un 1,65% en la última semana y acumula, igualmente, un mes y medio de subidas interrumpidas.

Hoy llenar un depósito medio de 55 litros de gasolina cuesta casi 82 euros, casi 18 euros más que en la misma semana de octubre de 2020. En el caso de repostar con gasóleo asciende a 75 euros, también unos 18 euros más que entonces. En lo que va de año, el precio medio del litro de gasolina en las estaciones de servicio españolas se ha encarecido un 25,25%, mientras que el del gasóleo remonta un 26,94%. Por su parte, el barril de petróleo brent, el de referencia para el mercado europeo, se cambia este jueves por 85 euros, más del doble que hace un año.

Aunque el encarecimiento de la energía es un fenómeno común a todos los países europeos, el precio de la gasolina sin plomo de 95 en España está ligeramente por debajo de la media de la Unión Europea, situada en 1,63 euros. También de la zona euro, donde el precio medio es de 1,69 euros. En el caso del diésel, la grieta es similar, ya que el precio en la UE es de 1,49 euros y en la zona de euro de 1,52 euros. Esta diferencia de precios a favor de España se debe, esencialmente, a la menor presión fiscal sobre los carburantes en comparación con los países vecinos.

Según Ramsés Pech, analista en industria energética, la subida del precio del carburante limitará la movilidad de las personas, incluso en un período en el que empiezan las compras para las Navidades. “Los españoles y los europeos se lo pensarán dos veces antes de desplazarse en función de los precios de la electricidad: tendrán que decidir si gastar más en calefacción o en automóvil”, apunta.

El precio del petróleo se ve presionado al alza por una demanda creciente, al calor de la recuperación pospandemia, y de una oferta artificialmente restringida por los países exportadores de crudo, reunidos en torno al cartel de la OPEP. Sin embargo, más allá de la evolución del mercado a corto plazo, las perspectivas económicas algo más sombrías —China, por ejemplo, creció solo un 4,9% interanual en el último trimestre, el ritmo más lento en el último año— se han convertido en una preocupación para la industria petrolera y en un argumento para quienes, como la OPEP, defienden la necesidad de mantener a raya la oferta.

Aun así, Pech asegura que la OPEP no rebajará su ritmo de producción por lo menos hasta septiembre de 2022, que es cuando vencerá el acuerdo que establece un incremento de producción de 400.000 barriles diarios cada mes, y se espera tener los mismos niveles de producción de antes del coronavirus. “Los mayores ingresos de Arabia Saudí y de otros países que están en la OPEP proceden de la venta de crudo. Por tanto, los precios del barril tan altos les están ayudando a tener una mayor cantidad de ingresos”, agrega el experto.

Inversión insuficiente

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advirtió la semana pasada de que la insuficiente inversión en el sector energético en su conjunto, además de aumentar la incertidumbre, alimenta el riesgo de turbulencias en los mercados energéticos mundiales. Según el organismo, los precios de los combustibles se ven afectados también por la falta de financiación en nuevos proyectos.

El economista jefe del banco de inversión japonés Nomura, Richard Koo, hace hincapié en que, a pesar de los esfuerzos para frenar el cambio climático y fomentar la transición ecológica, la demanda global de combustibles fósiles se está recuperando después de la pandemia, se necesitan nuevas inversiones para asegurar el suministro futuro. “Las inversiones se llevaron a cabo tradicionalmente con la expectativa de que la demanda permanecería en el futuro, pero ahora que la salida de los combustibles fósiles [de la matriz energética] se ve como una certeza, solo tienen unos pocos años para pagarse por sí mismas”, escribe en una nota para clientes remitida este jueves.

El encarecimiento de los carburantes tendrá un impacto significativo en el gasto de los consumidores este invierno. La consultora Capital Economics estima que los precios del petróleo caerán en torno a los 60 dólares por barril (alrededor de 51 euros) para finales de 2022. Incluso si esto no ocurriera y los costes del crudo se mantuvieran en su nivel actual, los precios de la energía volverían a bajar el próximo año. Sin embargo, este sería otro factor que retrasaría la moderación de la inflación. Una preocupación más para los bancos centrales.

 

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